sábado, 25 de octubre de 2014
jueves, 10 de julio de 2014
ACTA DEL FALLO DEL JURADO DEL I CONCURSO LITERARIO DE CUENTOS INFANTILES HELADERÍA RIMAYA
En Carmona, a las 13.30 de la tarde del día nueve de julio de dos mil catorce, se reúne el jurado seleccionador del concurso literario de cuentos infantiles Heladería Rimaya para fallar los premios de este certamen:
El jurado está formado por las siguientes componentes:
María Jesús Puerto. Trabajadora Social, presidenta.
Dolores Fernández. Maestra de Educación Especial, vocal.
Luisa Botto. Relaciones Laborales, secretaria.
Tras proceder a la lectura de todos los trabajos y después de hacer un análisis de cada uno de ellos, el jurado coincide en el buen nivel de las obras y la meritoria labor de los padres y docentes que con gran interés han motivado a los pequeños para el desarrollo de la creatividad.
El jurado ha valorado la calidad formal y conceptual de los cuentos, la presentación de los mismo y la edad de cada participante.
Realizada las deliberaciones oportunas, por unanimidad de sus componentes, el jurado decide otorgar los siguientes premios:
Categoría A: niños de 6 a 9 años
La montaña de Marfiforferlurger de Paula "Aladina".
Categoría B: niños de 10 a 12 años
¡Helados, helados! de Gracia María "Pepino de Mar 2000"
Los premios, tal como viene establecido en las bases del concurso, consistirán en una antología de cuentos infantiles para cada autor, en este caso autora, elegida en cada categoría.
También queremos hacer especial mención a los siguientes cuentos:
Un monstruo que era bueno de Blanca "El hada del invierno"
La princesa Sirena de Inmaculada "Inma"
Los animales de la selva de Juan "LaikaDamaLama"
Sara el hada y el tesoro perdido de Alejandra "Celeste"
Los animales de la granja de Felipe "Granja"
Los animales y el lobo de María "León"
Los convocantes del certamen, en los días sucesivos a la publicación del fallo, se pondrán en contacto con cada uno de ellos para entregarles un accésit sorpresa.
Y siendo las 18.30 horas del día arriba señalado, la presidenta del Jurado da por concluido el acto del fallo del precitado Concurso del que, como secretaria del mismo, doy fe y levanto el presente acta, que suscribo con el visto bueno de la presidenta.
Fdo. Luisa Botto
Secretaria del Jurado
Vº Bº
LA PRESIDENTA DEL JURADO
Fdo.- María Jesús Puerto
domingo, 6 de julio de 2014
Concurso literario infantil
Animad a los más pequeños a participar en el concurso de cuentos que hemos convocado. Ahora en vacaciones no paran de buscar entretenimiento y qué mejor manera que motivarles a desarrollar su creatividad con la escritura. La temática es libre y pueden ilustrarlo si lo desean. Nada de reglas, tan solo límite de dos folios
¡Qué fluya la imaginación!
miércoles, 23 de abril de 2014
El misterio de Adolfo
Adolfo
no fue muy conocido, jurídicamente no llegó a ser persona, pero
recibió el respeto y el cariño de la familia y sus vecinos.
Mi tía abuela, que ahora cumple los noventa y uno, lo recuerda como
uno de los mayores misterios de su infancia, tal la existencia del "Tío Martinito", "El Sacamantecas", "La mano negra" o el mismísimo "hombre
de la capa".
Él,
Adolfo, sin ser conocido, siempre estaba en boca de todos. Era
doméstico tema de conversación. Imagino el espectáculo
esperpéntico en su casa el día que vino al mundo. Mi tía, mujer
cariñosa, sabia y fan exclusiva de Manolo Escobar y de Dios, con una envidiable
naturalidad que demuestra nuestra substanciosa distancia
generacional, comenta que tuvo ocasión de ver a más de un Adolfo
bajo el nombre de Rosa, Manuel, Enrique o Petronila, guardando de
todos casi el mismo recuerdo.
Días antes de enterarme de estos hechos, casualidades de la vida, mi abuela paterna también estuvo recordando la existencia de un Pepe o Juan similares a Adolfo en las casas de algunas vecinas.
Y
es que... da un poco de grima seguir escribiendo sobre un tema tan
escabroso. Soy víctima de los nuevos tiempos. Así que les dejo su
imaginación para continuar. Sólo decirles que en casa de más de un
conocido vuestro habría un Adolfo o feto enfrascado en etanol, por
miedo hacia algún tipo de represalia divina o por simple costumbre
pagana.
Cómo
cambian los tiempos...¿verdad? La muerte es tan natural como la
vida, y, sin embargo, vivimos como si nunca nos fuéramos a morir.
Nos hacemos posesos de lo tangible y de lo intangible, y digo
intangible porque hay quien quiere incluso apoderarse hasta del
pensamiento de la persona a la que se supone que ama. Y no digamos del pánico que nos da hablar de ella...cosa que antes se hacía con total naturalidad.
Adolfo
estuvo expuesto, dentro de su frasquito en el mueble bar a la vista
de todos, hasta el día en que lo enterraron junto a su hermana tras
una muerte prematura. Así descansarían acompañados.
La vida lo contempló y se hizo amiga de la muerte. Pero eran otros tiempos, como digo. Ahora nos dejamos llevar por creencias irracionales, por complejos, por los celos, por el qué dirán... Trivialidades que nos paralizan y, mientras, la vida pasa y nosotros nos enfrascamos como Adolfo pero con la diferencia de tener la oportunidad de romper el cristal y hacernos amigos del proceso vital gozando de las miles de oportunidades que se nos brinda para ser feliz. Teniendo gente que te quiere , aire para respirar y alimento, ya uno debe sentirse feliz. Lo que venga ha de venir. Donde abunda el hambre lo saben bien.
jueves, 6 de febrero de 2014
La cena
![]() |
| "París a través de la ventana". Marc Chagall |
Suspiró profundamente y recogió dos cubiertos mientras miraba
ensimismado hacia la ventana. Aun tenía nublada la vista pero comenzaba a tener
conciencia de sí al notar el tacto frío del metal. Con la mano libre se apretó
los labios (gesto que siempre hacía
mientras pensaba). Notó un sabor metálico y cierta pegajosidad. Los vellos se le
erizaron. Con gran lentitud palpó en la
mesa sin bajar la vista y halló lo que temía: el cuerpo inerte del agregado.
Introdujo la
mano en un bolsillo y tomó la "capsulita mágica", como él la
llamaba. A los pocos minutos miró hacia abajo y halló lo que deseaba: nada.
domingo, 26 de enero de 2014
Aguja y esparto
Acto primero y único
Patio andaluz sevillano de principios de siglo XX. En el lateral izquierdo,
frente al espectador, una fuente rodeada de macetones. Más al fondo, junto a
una escalera de ladrillos de barros cocidos y baranda de caracoles pintada de
verde, asoma las ramas de un ficus mientras hace las veces de parasol. Las
paredes encaladas sostienen como zarcillos decenas de macetas con cintas,
geranios, gitanillas y príncipes. En el centro del patio, hállense cuatro
mujeres: a un lado la madre, y al otro las hijas y una sobrina. Forman corrillo
en torno a un botijo verdino de agua
fresca. Es la hora de la siesta y del bordado.
(Al levantarse el
telón hay silencio en la escena que es interrumpido por una de las jóvenes que parece
inquieta.)
Joven: Yo no lo
entiendo. (Se levanta con brío y deja a un lado el bastidor). No entiendo por qué
tengo que estar bordando un pañuelo cuando no sé si algún día alguien lo usará. Vaya
costumbre más absurda la de bordar el ajuar.
Madre: Tú lo único que
tienes que hacer a tu edad es bordar y callar.
Joven: ¿Bordad y
callar? Pues no quiero estar callá y bordando el resto de mi vida.
Madre: Bueno pues
habla, pero no pierdas puntá.
Joven: ¿Qué no pierda
puntá? ¿pero qué prisa tengo? A ver, dígame usted... ¿para quién es ahora este
noveno pañuelo?
Madre: En ese vas a
grabar... Ramón.
Joven: ¡Pero si Ramón
fue el primer nombre que bordé! El segundo Leopoldo, el tercero Enrique, el
cuarto Anastasio, el quinto...
Madre: Vale,
vale...pues entonces Nicodemo.
Joven: Pero…madre
¿conoce usted algún Nicodemo en el pueblo?
Prima: Sí. El barbero
del convento, que tuvo un tío marqués.
Hermana: Pero ese está
bien entradito en años... ¡y es sarasa!
(Risas de las demás)
Madre: ¡Niñas a callar
y a bordar! Vosotras no tenéis entierro en esta vela.
Joven: Querrá decir
¡vela en este entierro!
Madre: ¡Ni vela, ni
entierro, ni niño muerto. Yo bordé casi todos los nombres del santoral hasta
que conocí a vuestro padre y nunca me impacienté tanto como vosotras!
Joven: ¿Y de qué le
sirvió bordar tantos nombres castizos... si al final se casó usted con un
polaco que no tenía donde caerse muerto?
(Todas ríen excepto la
madre, que espera enfurecida a que cansen de reír las muchachas.)
Madre: Si no hubiera
conocido a vuestro padre, bonitas urracas, no hubierais nacido ni tú ni
tu hermana. O por lo menos no seríais hija de vuestro padre, y a saber si
seríais hembras en caso de ser hijas de otro hombre. Podríais haber nacido
varones o no haber nacido, ¡simplemente!
Joven: Desde luego madre
que me ha dejado usted boquiabierta y no sé qué contestarle.
Madre: ¡Pues sigue
bordando!
Joven: ¡Eso! Que no. Que
me niego a seguir bordando. Que ya estoy harta de aguja pa´rriba y agua
pa´bajo. Si se dijera que cada pañuelo que borde a una misma persona más
probabilidad hay de conquistarle..., pues yo le bordo pañuelos, calzones, camisas,
y... por su cuerpo, en todo los rincones, así de pequeñito... (hace gesto con
los dedos) así, le bordaría las iniciales de su nombre. Pero esta vez sin
aguja, esta vez lo grabaría a bocaditos...
(Vuelven a reír todas
excepto la madre.)
Madre: ¡Esta hija mía
no tiene arreglo! Pero niña...qué poca vergüenza tienes. Una vez... ya probaste
la alpargata de esparto... pero parece que no te sirvió.
Hermana: Y cómo se reía...Le
daba usted con la parte que no dolía y... si lacia se ponía la alpargata, más
lacia se ponía la niña de la risa.
(Risas de las
muchachas).
Joven: Pero no vaya a
probar ahora con la cuña... que le leo el pensamiento. Mire, madre, ya me pueda
casar yo con un aparcero o el Marqués Mataliebre, que yo no bordo ni un pañuelo
más. El que venga a mí lo querré con lo que traiga, es decir, con todo lo que
tenga o no tenga. Ya tendré tiempo de colocar su nombre hasta en la suela de
sus zapatos. Pero yo, desde ahora, por esta que está aquí, (señala una rana
disecada dentro de una caja) prometo que no pongo sobre mi falda ni un
bastidor más. (Va al centro del patio y comienza a
dar vueltas mirando al techo con los brazos alzados) Ya la vela del patio
se recoja para que entre la luz e intente aclararme las ideas, ya refresque la
tarde y caiga un chaparrón de barro del Sahara, ya más confortada me encuentre en
este caluroso día de verano... que no me hará cambiar de opinión. Yo, desde
ahora, dejo la confección.
( Mira a su hermana y
a su prima que sonríen con la cabeza agachada sin dejar su tarea. La madre, que
taconea con una pierna a punto de ser volcán en erupción, sostiene la mirada de
la joven que, sin mediar palabra, coge su bastidor y vuelve a sentarse.)
TELÓN
jueves, 3 de octubre de 2013
Erre que erre
—Préstame la guitarra— fueron sus primeras palabras. Elena tenía cierta fijación por lo imposible, si algo destaco de ella diría que la tozudez.
Era Noche Vieja de mil novecientos sesenta y cinco. En la radio del coche sonaba My Generation de «The Who», mientras, en otra parte de la ciudad, en el club «La fuga», esperaba el resto del grupo afinando los instrumentos para tocar en el cotillón. Ella, en el trayecto, canturreaba la canción con la cabeza apoyada en la ventana a la vez que jugueteaba con un mechón de su cabello.
—No habrás dejado la guitarra atrás con las prisas…
— ¿La guitarra? No…Ya me ocurrió una vez… y dos ya son muchas. Pero gracias por recordármelo— Despegué una mano del volante y le acaricié la mejilla con suavidad. Estaba más hermosa que nunca. Los deseos por besarle hicieron que me olvidara de la conducción.
— ¡Luis, ese coche…!
Y eso es lo último que recuerdo.
Cada día iba a tocarle los acordes de aquella melodía junto a la cama del hospital hasta que, por fin, despertó del coma.
Sí Doctor, me estrelló la guitarra contra la cabeza porque no soportaba más aquella musiquita. Pero lo hizo con amor.
Esperanza
Esperanza
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