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martes, 1 de marzo de 2016

SUEÑAN



Yo he nacido del amor, y con amor quiero vivir. Tengo alma para sentir,  puedo querer y  sufrir. Existen reglas de comportamiento, y está mi libertad de pensamiento.
Libertad para sentir la música por mis pestañas o mi piel, sonatas para piano de Beethoven en Do Mayor o preludios de Chopin.
Libertad para contemplar el amanecer desde las cumbres lejanas hasta donde mis ojos alcancen, y  mirar a poniente tal veleta imantada, y decirle adiós al sol, decirle hasta mañana. Libertad para danzar con el viento, a veces con  pasos suaves otras con repiqueteos y alegres movimientos, y siempre, siempre sonriendo.
Son deseos por la vida que almibaran mis temores, suavizando flaquezas, aflicciones y sinsabores. 

Sé de normas de cortesía, de hábitos y costumbres adquiridas. Pero no entiendo de menosprecio ni de aversión legislada... en naciones de oriente tan desorientadas.

Con amor y gozo quisiera vivir, pero  ¿cómo? Si hay en este mundo quienes no paran de sufrir.
Manitas inocentes, luces del mañana, ojitos que se abren al recibir un caramelo a cambio de nada.

¿Qué es el miedo para estas débiles conciencias? ¿Quién padece mayor pavor, ellos o yo? ¿Será quien carece de aspiraciones, quien jamás recibió calor materno o una simple caricia consoladora de lágrimas, quien no respira aire puro por robarles árboles y nubes? ¿Quién tiene más miedo? ¿ellos o yo?

Miedo, la involución del ser humano en la sociedad, la misma educación. No puedo hablar de ello sin tener presente estos infantes sin infancia y su situación.

Guerras, enfermedades, seísmos, diluvios, hambre, mucha hambre. Piececitos descalzos resquebrajados de durezas. ¿Conocen de zapatitos con lazos de alta costura, botines de deporte y balones de piel cosidos a mano? ¿Qué saben del cariño los mancillados por proxenetas y pederastas? ¿Acaso no hay lamentos, gritos y brazos alzados que digan ¡basta!?


Yo he nacido del amor, y con amor quiero vivir. Sueño con verles jugar, sueño con verles sonreír. 

miércoles, 23 de abril de 2014

El misterio de Adolfo



Adolfo no fue muy conocido, jurídicamente no llegó a ser persona, pero recibió el respeto y el cariño de la  familia y sus vecinos. Mi tía abuela, que ahora cumple los noventa y uno, lo recuerda como uno de los mayores misterios de su infancia, tal la existencia del "Tío Martinito", "El Sacamantecas", "La mano negra" o el mismísimo "hombre de la capa".

         Él, Adolfo, sin ser conocido, siempre estaba en boca de todos. Era doméstico tema de conversación. Imagino el espectáculo esperpéntico en su casa el día que vino al mundo. Mi tía, mujer cariñosa, sabia y fan exclusiva de Manolo Escobar y de Dios, con una envidiable naturalidad que demuestra nuestra substanciosa distancia generacional, comenta que tuvo ocasión de ver a más de un Adolfo bajo el nombre de Rosa, Manuel, Enrique o Petronila, guardando de todos casi el mismo recuerdo.

Días antes de enterarme de estos hechos, casualidades de la vida, mi abuela paterna también estuvo recordando la existencia de un Pepe o Juan similares a Adolfo en las casas de algunas vecinas.

        Y es que... da un poco de grima seguir escribiendo sobre un tema tan escabroso. Soy víctima de los nuevos tiempos. Así que les dejo su imaginación para continuar. Sólo decirles que en casa de más de un conocido vuestro habría un Adolfo o feto enfrascado en etanol, por miedo hacia algún tipo de represalia divina o por simple costumbre pagana.

        Cómo cambian los tiempos...¿verdad? La muerte es tan natural como la vida, y, sin embargo, vivimos como si nunca nos fuéramos a morir. Nos hacemos posesos de lo tangible y de lo intangible, y digo intangible porque hay quien quiere incluso apoderarse hasta del pensamiento de la persona a la que se supone que ama. Y no digamos del pánico que nos da hablar de ella...cosa que antes se hacía con total naturalidad.

        Adolfo estuvo expuesto, dentro de su frasquito en el mueble bar a la vista de todos, hasta el día en que lo enterraron junto a su hermana tras una muerte prematura. Así descansarían acompañados.
        
        La vida lo contempló y se hizo amiga de la muerte. Pero eran otros tiempos, como digo. Ahora nos dejamos llevar por creencias irracionales, por complejos, por los celos, por el qué dirán... Trivialidades que nos paralizan y, mientras, la vida pasa y nosotros nos enfrascamos como Adolfo pero con la diferencia de tener la oportunidad de romper el cristal y hacernos amigos del proceso vital gozando de las miles de oportunidades que se nos brinda para ser feliz. Teniendo gente que te quiere , aire para respirar y alimento, ya uno debe sentirse feliz. Lo que venga ha de venir. Donde abunda el hambre lo saben bien.

Esperanza Rodríguez "Vega de Carmona"


jueves, 6 de febrero de 2014

La cena




"París a través de la ventana". Marc Chagall



     Suspiró profundamente y recogió dos cubiertos mientras miraba ensimismado hacia la ventana. Aun tenía nublada la vista pero comenzaba a tener conciencia de sí al notar el tacto frío del metal. Con la mano libre se apretó los labios (gesto que siempre  hacía mientras pensaba). Notó un sabor metálico y cierta pegajosidad. Los vellos se le erizaron.  Con gran lentitud palpó en la mesa sin bajar la vista y halló lo que temía: el cuerpo inerte del agregado.


     Introdujo la mano en un bolsillo y tomó la "capsulita mágica", como él la llamaba. A los pocos minutos miró hacia abajo y halló lo que deseaba: nada.


domingo, 26 de enero de 2014

Aguja y esparto




Acto primero y único

Patio andaluz sevillano de principios de siglo XX. En el lateral izquierdo, frente al espectador, una fuente rodeada de macetones. Más al fondo, junto a una escalera de ladrillos de barros cocidos y baranda de caracoles pintada de verde, asoma las ramas de un ficus mientras hace las veces de parasol. Las paredes encaladas sostienen como zarcillos decenas de macetas con cintas, geranios, gitanillas y príncipes. En el centro del patio, hállense cuatro mujeres: a un lado la madre, y al otro las hijas y una sobrina. Forman corrillo en torno a un  botijo verdino de agua fresca. Es la hora de la siesta y del bordado.

(Al levantarse el telón hay silencio en la escena que es interrumpido por una de las jóvenes que parece inquieta.)

Joven: Yo no lo entiendo. (Se levanta con brío y deja a un lado el bastidor). No entiendo por qué tengo que estar bordando un pañuelo cuando no sé si algún día alguien lo usará. Vaya costumbre más absurda la de bordar el ajuar.

Madre: Tú lo único que tienes que hacer a tu edad es bordar y callar.

Joven: ¿Bordad y callar? Pues no quiero estar callá y bordando el resto de mi vida.

Madre: Bueno pues habla, pero no pierdas puntá.

Joven: ¿Qué no pierda puntá? ¿pero qué prisa tengo? A ver, dígame usted... ¿para quién es ahora este noveno pañuelo?

Madre: En ese vas a grabar... Ramón.

Joven: ¡Pero si Ramón fue el primer nombre que bordé! El segundo Leopoldo, el tercero Enrique, el cuarto Anastasio, el quinto...

Madre: Vale, vale...pues entonces Nicodemo.

Joven: Pero…madre ¿conoce usted algún Nicodemo en el pueblo?

Prima: Sí. El barbero del convento, que tuvo un tío marqués.

Hermana: Pero ese está bien entradito en años... ¡y es sarasa! 

(Risas de las demás)

Madre: ¡Niñas a callar y a bordar! Vosotras no tenéis entierro en esta vela.

Joven: Querrá decir ¡vela en este entierro!

Madre: ¡Ni vela, ni entierro, ni niño muerto. Yo bordé casi todos los nombres del santoral hasta que conocí a vuestro padre y nunca me impacienté tanto como vosotras!

Joven: ¿Y de qué le sirvió bordar tantos nombres castizos... si al final se casó usted con un polaco que no tenía donde caerse muerto?

(Todas ríen excepto la madre, que espera enfurecida a que cansen de reír las muchachas.)

Madre: Si no hubiera conocido a vuestro padre, bonitas urracas,  no hubierais nacido ni tú ni tu hermana. O por lo menos no seríais hija de vuestro padre, y a saber si seríais hembras en caso de ser hijas de otro hombre. Podríais haber nacido varones o no haber nacido, ¡simplemente!

Joven: Desde luego madre que me ha dejado usted boquiabierta y no sé qué contestarle.

Madre: ¡Pues sigue bordando!

Joven: ¡Eso! Que no. Que me niego a seguir bordando. Que ya estoy harta de aguja pa´rriba y agua pa´bajo. Si se dijera que cada pañuelo que borde a una misma persona más probabilidad hay de conquistarle..., pues yo le bordo pañuelos, calzones, camisas, y... por su cuerpo, en todo los rincones, así de pequeñito... (hace gesto con los dedos) así, le bordaría las iniciales de su nombre. Pero esta vez sin aguja, esta vez lo grabaría a bocaditos...

(Vuelven a reír todas excepto la madre.)

Madre: ¡Esta hija mía no tiene arreglo! Pero niña...qué poca vergüenza tienes. Una vez... ya probaste la alpargata de esparto... pero parece que no te sirvió.

Hermana: Y cómo se reía...Le daba usted con la parte que no dolía y... si lacia se ponía la alpargata, más lacia se ponía la niña de la risa.

(Risas de las muchachas).

Joven: Pero no vaya a probar ahora con la cuña... que le leo el pensamiento. Mire, madre, ya me pueda casar yo con un aparcero o el Marqués Mataliebre, que yo no bordo ni un pañuelo más. El que venga a mí lo querré con lo que traiga, es decir, con todo lo que tenga o no tenga. Ya tendré tiempo de colocar su nombre hasta en la suela de sus zapatos. Pero yo, desde ahora, por esta que está aquí, (señala una rana disecada dentro de una caja) prometo que no pongo sobre mi falda ni un bastidor más. (Va al centro del patio y comienza a dar vueltas mirando al techo con los brazos alzados) Ya la vela del patio se recoja para que entre la luz e intente aclararme las ideas, ya refresque la tarde y caiga un chaparrón de barro del Sahara, ya más confortada me encuentre en este caluroso día de verano... que no me hará cambiar de opinión. Yo, desde ahora, dejo la confección.

( Mira a su hermana y a su prima que sonríen con la cabeza agachada sin dejar su tarea. La madre, que taconea con una pierna a punto de ser volcán en erupción, sostiene la mirada de la joven que, sin mediar palabra, coge su bastidor y vuelve a sentarse.)

 TELÓN

jueves, 3 de octubre de 2013

Erre que erre








—Préstame la guitarra— fueron sus primeras palabras. Elena tenía cierta fijación por lo imposible, si algo destaco de ella diría que la tozudez. 
Era Noche Vieja de mil novecientos sesenta y cinco. En la radio del coche sonaba My Generation de «The Who», mientras, en otra parte de la ciudad, en el club «La fuga», esperaba el resto del grupo afinando los instrumentos para tocar en el cotillón. Ella, en el trayecto, canturreaba la canción con la cabeza apoyada en la ventana a la vez que jugueteaba con un mechón de su cabello. 
—No habrás dejado la guitarra atrás con las prisas… 
— ¿La guitarra? No…Ya me ocurrió una vez… y dos ya son muchas. Pero gracias por recordármelo— Despegué una mano del volante y le acaricié la mejilla con suavidad. Estaba más hermosa que nunca. Los deseos por besarle hicieron que me olvidara de la conducción. 
— ¡Luis, ese coche…! 
Y eso es lo último que recuerdo.  
Cada día iba a tocarle los acordes de aquella melodía junto a la cama del hospital hasta que, por fin, despertó del coma. 


Sí Doctor, me estrelló la guitarra contra la cabeza porque no soportaba más aquella musiquita. Pero lo hizo con amor. 



Esperanza

lunes, 17 de junio de 2013

Preguntas plebeyas sobre el día de san Patricio

Alegrías. Julio Romero de Torre




Por San Patricio 17 marzo 


Que alguien me explique por qué últimamente hay tanta devoción a San Patricio, tengo unos años y parece que me acabo de caer de un guindo. Ya sé que es el patrón de Irlanda y que desde el año 97 se celebra con más entusiasmo en este país, es decir... a lo grande pero grande... Nada menos que cinco días de fiesta, como mínimo. Datos contrastado de 2006... así que ahora no sé a cuántos se ha alargado el festín y ¡vaya festín! Se hace, sobre todo, para atraer al turismo. Sé también que en  EEUU los soldados irlandeses ya desfilaban desde finales de 1700 en honor al Santo...Y que todo se adorna con verde y que se ha extendido por todo el mundo. Pero, a los seguidores del santo ,que os multiplicáis por segundo, quisiera preguntaros  ¿qué celebráis? ¿qué sentís? ¿desde cuándo lo celebráis?  Lo pregunto sin ironía, en serio.

 Por lo que veo... comienzo a sentir que me he perdido algo. En Albuñol (Granada)  se celebra este día también, todo el fin de semana, porque es su patrón..., pero es un pueblo con historia y su festividad se celebra como en todo municipio español respecto a su santo patrón, y le tocó a Patricio porque, según fuentes de información, dice la tradición que apareció una imagen del santo en la playa proveniente de los restos de un naufragio de un barco irlandés. (Vamos, ya hasta los santos son colonos). Me imagino el día del encuentro, allí la imagen de madera flotante entre los restos del barco y rodeado de muertos. ¡Qué milagro!

A ver, yo viajo poco y no sé hasta dónde llega, por ejemplo, el día de la virgen del Rocío que tanto devoto tiene, no me digáis que en Irlanda celebran los nativos la romería... madre...que luego hablan de los españolitos que estamos siempre de fiesta. ¡Esto es un negociazo! Siempre lo he oído en casa, la IGLESIA es la mayor empresa del mundo. Y si da para comer y montar negocios..., ¡viva Santa Alcantarilla y la Virgen del STOP! Eso lo digo yo.


Venga una cervecita fresquita que invita el Santo...va por ustedes.

domingo, 12 de mayo de 2013

Ven


William Adolphe Bouguereau

Te acerco a la carnosidad de mis labios apretándote entre mis dientes.
Pronto, tu cuerpo entra en calor como gélido metal ansioso de lumbre. Ya mi índice, ya pulgar, a los que pellizcas con levedad, abren cuidadosamente tu tímida boca a punto de doblegar. Te sostengo como nota musical ―como DO, como SI, como LA...―  unos segundos mientras la sangre se agolpa y el latido del corazón se hace sentir en las falanges de mis dedos. Ven ―te digo―, acaricia mis cabellos con suavidad, como hace el viento sin brío. Ven, pero muerde al tiempo con fuerza de joven zagal,  forjada en el campo con el estío... y en invierno con el frío...a la voz del capataz.


A la horquilla de mi melena.



Esperanza

martes, 7 de mayo de 2013

Cualquier cosa



William Adolphe Bouguerau


Hace una semana  vi a mi amiguita Blanca y aun no he salido de mi asombro tras oír sus palabras a viva voz, como casi con enfado, cuando desveló lo que era para ella uno de sus más ocultos secretos, al decir que yo, ― mujer hecha y derecha que escribe estas letras―, era «su mejor amiga». No se..., siento algo que no consigo explicar, está entre el asombro por la grata sorpresa y la felicidad. Es una revelación muy hermosa si tenemos en cuenta que los niños siempre dicen la verdad. Y Blanca, mi Blanquita, es de fiar. Ella dice la verdad. Dijo que me llamaría por teléfono y me llamó, ¡y vaya conversación! Parecíamos dos amiguitas de toda la vida.

Y es que...los niños son una caja de sorpresas y al mismo tiempo el mundo para ellos está lleno de un sinfín de misteriosas sorpresas.


La imaginación de muchos deja boquiabierto a más de uno y he de reconocer que soy una de esas víctimas alucinadas constantemente por el comportamiento de tales individuos. Bueno... yo fui niña y tú también, así que sabemos de lo que hablamos.


Pero el niño, la niña, por el ciclo de la vida va haciéndose mayor, y ya en la adolescencia pasa de las ocurrencias del ingenio a la ʻsosa... cáusticaʼ por no decir sosez porque esta palabra no existe. Ya la gracia vivaracha infantil se hace patosa, muy patosa. Lo que más le preocupa por encima de todo es ese indeseable gallo que sin piedad sale del corral y canta cuando no debe, o ese púber grano que acapara la delicada tez empolvada de la feminidad. En fin, una injusticia con todas sus letras; aunque después... claro, después, cuando todo ha pasado, uno se ría recordándolo.

Pero en esos momentos en los que no hay nada más que te preocupe que la metamorfosis de tu rostro, en esos inolvidables momentos, el espejo, únicamente el espejo, es tu mejor amigo. Ni perro-lobo fiel, ni gato que te maúlle, ni niño cansino de vecino que entre piropos de agasaje. Sólo tu hermana o hermano y tu espejo. Ellos, como Blanca, siempre dicen la verdad. Aunque... sin duda alguna... en esta edad es mejor la fidelidad hacia el espejo que a tu propio hermano. Porque ese infatigable compañero de juegos, esa personita con quien duermes toda la noche con la luz encendida por si la ʻmano negraʼ aparece del water o del pozo del tío Martinito de agua salobre (a saber qué haría allí el hombre en esas profundidades), sí, ese fraternal personajillo, casi te rendirá culto con la sabia y maliciosa intención de recibir de ti las lindezas de las que te creías poseedor. Puro interés aunque sea tu hermano. Todos hemos sido hermanos o hemos tenido un amigo-hermano y sabemos de lo que hablamos.


Mi pregunta es la siguiente: ¿Por qué una vez pasado el tránsito pubertino (palabra inventada) las personas no recuperan ese afán de niño por seguir descubriendo lo que le rodea? Hay tantas cosas a nuestro alcance de las que podemos disfrutar como niños y, sin embargo, no se aprecia o no se quiere apreciar, que por lo menos yo me niego a desaprovecharlas: Hoja que cae de la parra me impresiona, pavo que canta cuando el perro ladra me impresiona, verdina que cubre la encalada pared me impresiona, caracol que sale de debajo de la maceta dejando estela plateada me impresiona, miradas que sin palabras lo dicen todo me impresiona, amigos que están y luego se van y quedan en ti me impresiona, el efecto del amor, el efecto del dolor, el efecto del afecto impresiona. La impresión si va unida al goce, y lo repito... unida al goce, hace que la vida tenga más sentido. Y como hay más goces que sufrimientos, aunque los últimos tarden en desalojar el alma, no deberíamos desaprovecharlos ni un momento.


Aun llueve, ¿cómo brillarán las hojas de mis plantas? Mañana, de día, iré a mirarlas.


Esperanza

jueves, 25 de abril de 2013

Cartas al director


                                                               William Adolphe Bouguerau


Estimado director de la revista Intelecto:

 Quería comentarle mi disconformidad respecto al artículo publicado la semana pasada donde criticaban a los ilusos con los calificativos de personas ociosas, mediocres, sin aspiraciones en la vida… y movidos por impulsos como ranas de hojalata cuando se les aprieta con el dedo.  

No entiendo en qué se han podido basar para declarar tales patrañas carentes de fundamento. Me gustaría saber qué muestra de población han escogido para realizar el sondeo y hallar tan infame resultado.  A usted, máximo responsable de esta revista que, por cierto…, jamás volveré a leer mientras esté bajo su dirección. A usted, que me concede como a cada lector el derecho a expresarme con libertad entre estas líneas, quisiera decirle que están muy equivocados y le expongo a continuación mi argumento: 

Era miércoles, un día laborable cualquiera, acababa de salir de la biblioteca y me dirigía a casa mientras pensaba en la cena. Una lata de calamares en su tinta, un trozo de queso curado, un plátano y tal vez... 

―Perdone señorita― alguien interrumpió mi menú. Era un anciano muy bajito, con el cabello plateado, ojos pequeñitos, de mirada bondadosa y sonrisa cándida. Vestía un traje gris marengo que, a pesar de estar raído en los puños y el cuello desgastado, no le restaba elegancia.― ¿Le importaría hacerme un favor si es tan amable? 

 Cedí sin saber el propósito de antemano sucumbida por su ternura. 

―Pues claro que sí. Dígame― El hombre abrió los ojos como un niño al que le acaban de anunciar que le llevarían al circo. Posó una mano sobre mi brazo para apoyarse, alzó una pierna y me mostró el pie.

― ¿Podría anudarme los cordones de los zapatos? Estoy tan torpe que temo caerme en el intento.― Aquello impresionó mi tranquilo espíritu, fue indescriptible lo que sentí: Lástima, cariño, miedo al paso de los años,  a no tener a nadie a tu lado, a envejecer sólo, a sentirse abandonado aun teniendo familia, miedo a no tener ni siquiera quien te ate los zapatos. 

Me agaché, le hice el lazo y observé mientras me erguía cómo secaba unas lágrimas con la manga. No quise preguntarle.  

―Gracias joven. Ahora ya me siento más seguro. Ya puedo andar más rápido sin temor a tropezar.―Me estrechó su trémula y arrugada mano y cuando pensé que iba a despedirse me agarró aún más fuerte como si tuviera miedo a perderse entre la multitud de los viandantes.―Necesito otro favor si no le importa, es poca cosa, pero no tengo a quién recurrir.―Le asentí sin palabras, la emoción había obturado el habla. Jamás me arrepentiré de haber cumplido su petición. 

Y allí me encontraba; asomada desde el otro lado de una vieja ventana de la cocina de un lujoso restaurante, de esos que ponen el precio en la entrada y que te invitan a seguir tu camino en busca de algo más ajustado al bolsillo.  

Fuera un callejón estrecho, maloliente por la basura acumulada sobre un suelo empedrado y mojado por el relente que, favorecido por el sepia de las farolas, ambientaba un extraño romanticismo becqueriano.  

Dentro, una pequeña habitación con fogones, alicatada de blanco inmaculado, un suelo de lozas hidráulicas, una lámpara de barro cocido  y una pequeña mesa ocupada por dos personas; ella y él. Allí estaban. Hacía más de cincuenta años que se conocían y aún suspiraba el uno por el otro. Vivían separados en residencias distintas. Hacía unos meses que le habían diagnosticado principio de Alzhéimer y temía no recordar la vuelta a casa cuando saliera del encuentro. Motivo por el cual me encontraba yo allí.  

Por eso le digo que las ilusiones son importantes, querido director de la revista Intelecto. Si este anciano no hubiera mantenido la ilusión de ir a verla y declararle su amor antes de que la naturaleza se lo impidiese de manera fortuita, con seguridad tres personas hubiéramos sido menos felices.  



Firmado: La lectora ilusionada

martes, 23 de abril de 2013

Cartas absurdas para Abel. Primera parte.





Le retour du marche
William Adolphe Boguereau




Abel, siento decirte que me he enamorado de un esquimal.

Estos cinco días no he estado en Tenerife, en realidad estuve en un centro marino que hay en la península pero no puedo decirte cuál porque aún no está autorizado. Están adaptando una familia extraña de pingüinos a nuestro clima y en el intento fenecen tantos que nos tienen prohibido comentarlo hasta que por fin se consiga la nueva genética. La peculiaridad de estos individuos radica en que ponen los huevos las hembras (como es lógico), y ellas mismas los incuban ingiriendo los que no llegan a cuajar bajo un extraño ritual que consisten en que al tiempo que se aparea, "con un león marino", el pingüino macho le ofrece los huevos, empujándolos con el pico! ¡sí, con el pico! qué curioso ¿verdad?

Aprovechando estas rarezas de la naturaleza… en el laboratorio intentan conseguir una nueva especie leónidapingüina. Por el momento son híbridos extraños los que nacen, ave y mamífero ya ves…. En fin, este no es el tema del que quería hablarte, sino más bien de la relación entre Engué y yo.

Es el asesor personal de los pingüinos, bueno... mejor dicho, asesor animal. No es veterinario sino un entendido en la materia. Tiene construido un iglú en el recinto porque no consigue adaptarse a nuestras altas temperaturas. La verdad es que se duerme bien allí dentro... entre pieles de oso polar y almohada de plumas pingüináceas. Engué tiene una enorme caña con la que nos satisfacemos las ansias de hambre en tan inhóspito lugar. Habla cuatro idiomas: catalán, bable, chabacano y portugués.

Y es por eso, porque me gustan las personas distintas, el motivo por el que me he sentido atraída por este individuo de 1.50 m. de altura que me canta cada mañana la canción de...tu piel morena sobre la arena, nadas igual que una sirena...

¡Me encanta…! Qué enamorada estoy. Tiene una candidez polar...

Pero lo peor que llevo son los besos.

         Un abrazo de quien fue tuya.


sábado, 20 de abril de 2013

Los poetas pintores





     Quiso el Sol, por fortuna, ser el anfitrión e invitarles a gozar de un primaveral día de invierno en plena juventud. 
     Entre margaritas y jaramagos, dos poetas con caballete y paleta en mano, marcaban sus pasos como versos cabalgados por estrofas de verdes campos. Lejos, los arroyos buscando el río abriendo en canal la tierra. En la cercanía agradables sonidos: Allá los cantos de las tórtolas junto a los del zorzal. Un poco más cerca la perdiz en celo, y el ladrido del noble galgo que, olfateante, asoma la cabeza por encima de los surcos arados. A unos metros, la liebre, que interrumpe su quehacer, permaneciendo quieta mientras gira sus orejas con ojos ávidos de madriguera.  
     Adormecidos los dos por las caricias frescas en sus rostros del que mece las copas de los árboles, deciden saciar el hambre entre las ruinas de lo que en su día fue una hermosa y fructífera villa romana. 
     Frente a una antigua torre de vigía, vacía en su interior, sin piso, sin escalera, como cuerpo desmembrado, descansaron sus pies los caminantes, tomando por triclinio el ancho borde de la vieja alberca del manantial.
     El almíbar de la anisada fruta, con la que saciaron el hambre, consiguió endulzar más lo que ya era miel de cada uno. Y los dos, amantes de la naturaleza, amantes de lo diminuto y lo más grande, cada uno con sus pensamientos, se miran, sonríen, conversan, se bañan juntos en un mar de sabiduría.
   Mientras, la naturaleza continúa su faena. Abejas posándose sobre los estambres de las flores, hormigas que portean en comunidad sus provisiones de bastimentos y, detrás de ambos, sobre la ladera del monte que les cobija, hállese un pozo sediento de donde asoma la muerte en forma de centenaria higuera, ya seca, de ramaje negro y retorcido. 
     Comienza a descender el sol, tomando la hierba la luz correcta para plasmar el momento sobre el lienzo. Trazan pinceladas verdes que representarán el musgo, otras cobrizas que harán él óxido de la piedra, el amarillo del albero, el rojizo de las canteras, el blanco de la cal del pozo y el azul del cielo. 
    Desafortunadamente les llega la hora de deshacer el camino. Los poetas, muy alegres, bajan por los senderos mientras recuerdan canciones populares con paso apresurado a la vez que Selene enciende la luz del cielo. 
     Sigue el agua manando del pilar, a pesar de no haber quién beba de ella. Siguen los naranjos dando frutos, a pesar de que nadie se alimente de ellos. Sigue el cernícalo estático en el cielo aunque no vea presa. El campo, la fauna, siguen esperando la vuelta de los poetas. Pero hay más lugares que esperan, hay más bosques donde poder caminar al son de cantinelas. 
     La tierra de la Libertad espera.


Esperanza